Relaciones entre gobernantes y medios de comunicación

La Libertad de Comunicación hoy en Venezuela, o la desmesura del Estado-Gobierno
Marcelino Bisbal*

Hoy en América Latina y en muchos de nuestros países –hablo desde la realidad venezolana- no es posible referirnos al tema de las relaciones, más allá de lo conceptual, entre libertad de comunicación, medios de comunicación y democracia sin plantearnos el nudo de tramas que se han venido tejiendo en los últimos años desde el poder y la manera de accionar ese poder en el campo de la política, la economía, la cultura y la realidad comunicacional en el seno de la propia sociedad.

Lo que es evidente es que el “mapa” de América Latina cambió, debido y a pesar de las condiciones de vida de nuestros pueblos y a la falta de tejido social que caracteriza a este gran espacio que es la región latinoamericana y caribeña. Lo que resulta sorprendente y ¿paradójico? es que a mayor consolidación y presencia de regímenes electoralmente electos como uno de los signos, pero no el único, de democracia, más abundante y creciente es la miseria y pobreza. Hoy por hoy y por primera vez en la historia del continente la forma de gobierno dominante es el democrático. Si esta constatación nos puede hacer sentir bien y orgullosos, comparándonos con el pasado reciente, no es para asentir con sentido de complacencia que ya todo está alcanzado, pues la proporción de habitantes de estas tierras que estarían dispuestos a dar al traste con un gobierno democrático con tal de alcanzar mejoras económicas y de equidad social sostenibles en el tiempo supera el 50 por ciento según el Informe del PNUD (2004) sobre el estado de la democracia en América Latina. (...)

La figura del presidente Hugo Chávez Frías encarna un modelo cultural que se fundamenta en la vieja tesis del “populismo latinoamericano”, pero ahora renovado con nuevos dispositivos no sólo políticos, sino culturales y comunicacionales que hacen de esa figura un “neopopulista” que intenta cambiar la historia del país y de América Latina. En Venezuela estamos en presencia de un nuevo paisaje, que lo llamaríamos también una “nueva escena”, en donde los rasgos más característicos (Bisbal, 2006) apuntan a que:

-El Estado ha perdido los límites que lo definían y se ha transformado en un aparato amorfo que cada vez más se va pareciendo a una “maquinaria” de control y secuestro de las instituciones.
-El protagonismo militar ha ido ocupando espacios civiles ante la mirada, sino complaciente de gran parte de la sociedad, por lo menos nos va resultando ya un hecho casi natural y lógico.
-Las necesidades económicas reflejadas en la inflación, el desempleo, el deterioro del sistema productivo privado, el excesivo gasto público que no es capaz de saciarse, la dependencia casi absoluta de la renta petrolera hasta límites que no eran pensables,…en fin todas esas necesidades que han ido quebrando fuertemente el horizonte de expectativas que nos habíamos imaginado y soñado.
-La creación, poco a poco y de manera sostenida, de un “megaestado”. Un Estado que controla cada vez más todas las instancias de la economía. Este “megaestado” hoy está presente ya no sólo como regulador sino como productor y empresario a la vez. Se ha venido dando un crecimiento inusual dentro de las actividades del Estado. Así, este Estado se hace presente, como empresario-productor, en el transporte, en las telecomunicaciones, la manufactura, el petróleo, la electricidad, líneas aéreas, agricultura, turismo, ganadería, en las comunicaciones de masas y en la distribución de alimentos. ¿Un nuevo modelo económico?
-La idea de crear un partido hegemónico y un proyecto hegemónico de nula cultura democrática como es todo lo “único” como le gustaría referir a Michel Maffesoli.
-El excesivo personalismo que encarna la figura del Presidente de la República, que sacralizan sus partidarios y los más allegados al poder. Al punto que actualmente el Presidente tiene la posibilidad de regular y normar todos los ámbitos de la vida nacional.
-La centralización como creencia que desde allí “todo se va a resolver”, sin comprender que uno de los logros y conquistas ciudadanas más significativos de nuestra historia democrática fue la descentralización administrativa en muchas esferas del poder del Estado.
-La evidente polarización y conflictualidad en la que vivimos, que lejos de desaparecer y disolverse ha ido acrecentándose por un discurso y una retórica de la exclusión, la confrontación y la violencia. Es la presencia de la polarización política que ha ido creciendo y creando espacios de intolerancia y de no-convivencia, al punto que se ha venido convirtiendo en una forma de vida y de cultura.
-El surgimiento, publicitado además, del resentimiento social como manera de querer comprender nuestras debilidades.
-El empeño de voltear la historia republicana intentando, de manera insensata y poco responsable, reescribirla desde el personalismo, el caudillismo y el mesianismo.
-La insistencia de construir un ¿proyecto de país? teniendo como modelos experiencias más que fracasadas y superadas por la historia de los acontecimientos recientes. Es el planteamiento acerca de lo que se ha llamado el Socialismo del Siglo XXI (también se le designa como Proyecto Simón Bolívar) que por los signos presentes tiene como fundamento los parámetros del centralismo, de la ausencia de todo contrapeso, del personalismo, de tinte militarista y además con la presencia de un Estado monocolor y tutelar de todas las actividades de la sociedad.
-Por último, la propuesta de reforma a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Esta propuesta, como lo han venido diciendo muchas voces en el país, cambia drásticamente la estructura del Estado, la forma de gobierno, la concepción de la ciudadanía y del llamado poder popular, signa con tendencia centralista y presidencialista la conducción del país desde el gobierno, introduce importantes cambios en la economía, aumenta la injerencia del componente militar en la vida de la sociedad venezolana y concentra cada vez más el poder en el figura del Presidente. Esta reforma constitucional, que podría ser aprobada en diciembre, atenta gravemente contra un concepto de libertad y de libertades que lejos de construir un sujeto consciente y de desarrollo, lo hace más dependiente y minusválido frente al poder. (...)

Para leer artículo completo haz click aquí

Gobierno y medios
León Bendesky

Parte del proceso de la transición política en México tiene que ver con el complejo entramado de relaciones e intereses que se crearon entre el gobierno y las grandes empresas privadas durante el largo periodo de control ejercido por el PRI. Se está demostrando lo difícil que es para los gobiernos del PAN alterar esta situación, o bien, la indisposición esencial que tienen para hacerlo.

La reforma electoral aprobada en el Senado y la discusión sobre la ley de la industria de la radio, televisión y telecomunicaciones que está pendiente muestran esta situación, es decir, las resistencias al cambio por parte de los concesionarios y operadores, así como los acomodos que intenta hacer el gobierno actual.

La reciente celebración de la 49 Semana Nacional de Radio y Televisión en el seno de la cámara de esa industria fue el escenario de la contraposición que está abierta entre los empresarios y el Congreso, y sirvió para exhibir el papel que quiere jugar el gobierno en ella.

El responsable de la política pública en ese sector, el secretario de Comunicaciones y Transportes, no fue sólo conciliador, sino hasta complaciente durante su presentación. Ahí dijo: “Nunca he reconocido que hay monopolios: hay competencia en la industria de la radio y la televisión, la radio es de las más competidas, y el gobierno reconoce el esfuerzo que ha hecho este sector para llevar a los hogares cultura, educación y entretenimiento, y queremos seguir fomentando que eso suceda”.

Hay cuando menos dos cuestiones que valdría la pena esclarecer. La primera tiene que ver con el hecho de que para el gobierno anterior y para el actual no ha sido fácil aclarar el significado de la competencia en el mercado en el caso de las industrias más relevantes como las del sector de los medios electrónicos y de telecomunicaciones. En ello incide también la visión a veces dogmática que prevalece en la Comisión Federal de Competencia. La discusión se ha dado en el caso de la telefonía y de la Ley del Libro y ahora se repite alrededor de los medios electrónicos de comunicación.

En todo caso sería conveniente algún señalamiento sobre cómo se evalúa la competencia en el sector que nos ocupa, si es sólo el número de concesionarios lo que le da ese carácter; cómo se miden el grado de concentración y sus efectos en el mercado; cuál es la oferta efectiva de servicios que tienen los consumidores a escala nacional, regional y local, entre otras cuestiones. No debe perderse de vista en este caso que se trata en buena parte de actividades basadas en las concesiones del Estado para la operación de las empresas privadas y que hay que definir el papel que tienen en ella los medios públicos.

El segundo asunto se asocia con la calidad de la programación de la radio y televisión. La apreciación del secretario parece superficial y poco calificada en ese campo. Pero no es un tema de poca importancia.
El presidente Calderón siguió la línea trazada por su secretario. Dijo: “Sé que existe una legítima preocupación por la incertidumbre y la zozobra que genera a un concesionario el ver vencido el plazo de su concesión sin conocer a ciencia cierta qué ocurrirá con su estación… Por eso les digo que no deben preocuparse”.

Pero, en principio, un régimen de concesiones no debería generar incertidumbre económica para sus beneficiarios, ese rasgo debe estar explícitamente considerado en sus planes de negocio y las expectativas de rentabilidad y, si se opera conforme a la ley no debería haber problema para continuarlas. Esa ley debe, sin embargo, ofrecer condiciones similares para los concesionarios que ya existen y los nuevos entrantes y no ser una barrera a la entrada que provoque situaciones de privilegio. (...)

Leer artículo completo aquí

Good Night, and Good Luck



FM además de AM: regalo presidencial a radiodifusores
Zócalo
En el intento para competir por la preferencia de los radiodifusores, el presidente Felipe Calderón dispuso que los empresarios que ya tienen frecuencias en AM puedan tener, por ese solo hecho, estaciones en FM. El Acuerdo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que fue publicado el 15 de septiembre en el Diario Oficial tiene ese propósito esencial.

Con esa disposición administrativa, al parecer acordada días antes con los dirigentes de los radiodifusores privados, el gobierno federal quiso inhabilitar la propuesta de reforma legal que tres meses antes, el 4 de junio, habían presentado varios senadores del PRI encabezados por su líder camaral, Manlio Fabio Beltrones.

El Acuerdo gubernamental establece un nuevo procedimiento para que los empresarios de la radio en Amplitud Modulada puedan sustituir esas frecuencias por canales en Frecuencia Modulada. Varios de esos radiodifusores se han quejado de la caída de audiencias y por lo tanto de la disminución en la inversión publicitaria de sus estaciones en AM y han considerado que solamente transmitiendo en FM podrán remediar tales dificultades.

Esa postura de los radiodifusores de AM es discutible, en primer lugar porque en casi todo el mundo dicha frecuencia sigue convocando a auditorios muy amplios. En distintos países, la FM suele estar fundamentalmente destinada a la transmisión de música y la Amplitud Modulada es el espacio en donde se despliegan los programas de información y debate más escuchados. Aquí mismo, durante varios años el “Monitor” de José Gutiérrez Vivó ocupó los primeros lugares de audiencia en la ciudad de México –de acuerdo con los ratings que avalan las empresas de radiodifusión privadas– difundiéndose en dos modestas estaciones de AM. Los problemas que condujeron a la suspensión de ese proyecto radiofónico no se debieron a la falta de oyentes.

La especie de que la AM ha dejado de ser negocio podría ser refutada por numerosas experiencias. Pero en todo caso, es indudable que se volvió motivo de inquietud para muchos radiodifusores. A comienzos de 2006, un importante bloque de empresarios de la radio se manifestó contra la Ley Televisa fundamental, o únicamente, porque esa colección de reformas no satisfacía su pretensión para que a quienes tenían concesiones en AM, se les asignaran otras tantas en FM. Las radios “combos” se volvieron reiterada bandera de diversos radiodifusores.

0 comentarios:

Publicar un comentario